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Maneras de lo sin hueso

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Alessandra Molina.El último libro de Alessandra Molina, Otras maneras de lo sin hueso, está compuesto por dos conjuntos de poemas y una tercera unidad en la que se anexan dos ensayos de la autora. Los poemas correspondientes a la primera unidad pertenecen al cuaderno As de triunfo (Ed. UNIÓN, La Habana, 2001), mientras que la segunda contiene una selección de obras más recientes, algunas de las cuales fueron publicadas con anterioridad en diferentes revistas.

"De todos los poetas cubanos nacidos en los sesenta del pasado siglo —escribió Antonio José Ponte en prólogo al poemario As de triunfo—, creo que es Alessandra Molina quien más en confianza se encuentra con el misterio".

Es precisamente misterio lo que hallamos tras el fraseo de Otras maneras de lo sin hueso, fraseo que pende de la visión de un cosmos no categórico, al cual se accede desde alguna circunstancia, y se le toma y se le deja sin asegurar una apropiación, sin elaborar otra certeza que la de haber puesto el ojo sobre eso, que se nombra, pero que no se posee.

La poesía de Alessandra Molina no pretende ser definitiva. Es certero el acercamiento que entabla Jorge Luis Arcos entre las poéticas de Alessandra Molina y Reina María Rodríguez, tomando como referencia el libro de esta última Catch and release (Letras Cubanas, La Habana, 2006). Encontramos en la reseña Catch and release o la posesión por pérdida (Encuentro 44, primavera de 2007), la interesante mención que hace Arcos del intento de ambas poéticas por establecer "un contacto inédito, desconocido" que huye de la posesión y estriba más en un tacto hecho no a los sentidos, sí al pensamiento.

Sin embargo, quien subscribe estas líneas cree que en comparación Reina se muestra apasionada, vehemente, incluso en aquellos versos donde exhibe su más fina táctica de percepción: "acariciar es demasiado gesto, / y poseer, un crimen". Alessandra Molina hace uso de una poética donde la pasión se adentra transversal, sensible el verso y sus reversos, no así el sujeto poético. Si en Reina María Rodríguez la postura es estoica, voluntariosa, en Alessandra es exploratoria, de tanteo.

Su escritura es reflexiva, y con ella, cada fragmento del poema parece haber sido sopesado en el proceso. Toda palabra cuidadosamente elegida. El ritmo limpio del verso. Los ascendentes finales, que retoman toda la escritura en una última sentencia reveladora y… silenciosa. La poesía de Alessandra está llena de silencios. Esos silencios propios al género que no son verdaderas ausencias, sino trabajo del cincel, letra pulida.

Las palabras permiten a Alessandra la salida a su dificultad de acoplarse al cuerpo real. No hay cuerpo en Alessandra, no hay cuerpo que pueda seguirse desde las letras de sus plazos poéticos; no hay desgaste, tiempo, carne vital que pudre, órganos que punzan. Hay cuerpo de palabras. Hay cuerpo de poesía. Hay letra y ojo. Acaso venga aquí como anillo al dedo la frase en torno a la que gira el poema en prosa El hombre en la ventana: "El hombre en la ventana es la puesta en escena del acto de escribir".

En poemas de sorprendente precisión del lenguaje, acontece incluso la pregunta debida a la consciencia de esta naturaleza de la palabra: "¿De qué gajo secreto, torcido y nudoso, colgaban las palabras?" (Patria del idioma). Una consciencia de escritura que ha notado Enrique Saínz en su trabajo sobre el cuaderno As de triunfo, aparecido en Cubaliteraria: "plenitud que no está precisamente en las calidades formales, sino en lo que podríamos llamar la conciencia de sí, de su identidad, de la suficiencia y la autenticidad de un diálogo con la realidad."

Alessandra Molina se acerca a la sustancia de las cosas, pero sólo se acerca; gusta de quedarse al margen, observando. Un examinador. Una examinadora. Una sensibilidad a flor de piel, a ras de la letra. Como si la palabra tuviera su conjunto de puntos nerviosos, como si la palabra tuviera su cerebro agazapado…

El cuerpo, reitero, es de palabras. La consciencia de sí, que es visible en Alessandra Molina, parte de una relación no exenta de tensiones entre sujeto y objeto de observación. Ambos se funden, se circundan, se delimitan a veces, pero siempre está entre ellos la palabra como mediadora, maestra de ceremonias de un ritual que se cuece a horcajadas sobre la experiencia misma, y que nace de la voluntad de la poeta de llevarla hacia la dinámica del texto. El nombre de este ritual: poema. La consciencia de sí que es latente en la escritura de Alessandra no es otra que la relación firme entre voz y lectura de la experiencia, no es otra que la de un diálogo sostenido con lo real desde y hacia la poesía.

Un apunte. En prólogo a As de triunfo, Ponte ha escrito de Alessandra: "dificultad para ser naturaleza". No obstante, esta obra lo es. Sorprende en Alessandra la concreción de esta naturaleza incorpórea pero palpable, cuyos rastros no dependen del hueso. Naturaleza hecha de palabras epidérmicas, mas eficaces en sus labores de invención. Hay resistencia, sí, a la otra naturaleza. Del texto Otras maneras de lo sin hueso:

Por la boca entreabierta se nos pierde el deseo de nombrarlo,

se nos vuelve un secreto,

un lujo que no terminaremos de decir

ni en comadreos:

todo eso que se arranca de la vida cotidiana

para ser al instante vida cotidiana.

El poema final del libro, En el catálogo de las intenciones, compuesto por cuatro piezas, es un excelente colofón a esta breve antología de la poesía más reciente de Alessandra Molina. Allí puede verse el peso de la casa, presente en el texto El hombre en la ventana, y asociada en el mismo a la escritura. La casa, que es protagonista en el ensayo En casa de Reina (versión o retoque de La idea de otra vida, Encuentro 30/31, otoño/invierno de 2003-2004), incluido en este volumen junto a Puerta, vano, cerrojo, y otros elementos de un exilio, quizá venga a sustituir un emblema mayor o hacer las veces de una patria chica, recompuesta por la experiencia del exilio. La casa como terreno íntimo, cuerpo de piedra aprehendible, cosmos único que, fundido a la experiencia de la poesía, es el último refugio, la última piel, recientemente mudada:

la piedra de tu casa quedó limpia una tarde,

te descubrió, a su lado, la otra piedra:

una pared desnuda,

una memoria tiesa, de ladrillos,

caminaba a tu encuentro.

El segundo conjunto de poemas destaca en relación al primero por su inmersión en el tema sociohistórico, y el entrecruzamiento de este con la creación poética. Se hace evidente que el cambio de estadio vital de la autora ha penetrado su escritura. La vivencia del exilio, que suele ser diferente en cada quien, le hace emerger, en medio de la ceremonia usual con tonos de epopeya, desde el individuo que asoma anónimo, solitario, ante las persistentes ruinas de la Historia:

El enquistado hijo de la historia

pendiente y concluido

en mitad de la historia,

y allí mismo, también,

eres la brecha.

Con todo, es mesura lo que encontramos en este Otras maneras de los sin hueso de Alessandra Molina, un volumen de cuidada expresión que hace recordar las palabras de Henri Bremond en su capítulo Paul Valéry o el poeta a pesar suyo (traducción de Julio Cortázar del libro Poesía pura, publicado en Buenos Aires, 1947, Ed. Argos): "El arte es siempre preciso: la más sabia y rígida precisión al servicio de lo impreciso."

Es esta una apuesta hacia la buena poesía, una apuesta que corre sus riesgos, acaso resumidos en un paréntesis que la poeta coloca en su ensayo Puerta, vano, cerrojo, y otros elementos de un exilio; un paréntesis que dialoga con el inquisidor-lector que a ratos se le presenta, formulando preguntas, leyendo con impaciencia. Alessandra prepara una respuesta desde sí, otras palabras que huyen de las trivializaciones del acontecer…, en medio de estas elucubraciones, coloca su paréntesis, escéptico, mordaz: "(y confiando en que hubiese oídos para esta mesura)". Algo de razón llevan sus temores. Contamos con la tenacidad de su pulso. Quedamos a la espera, queremos más. Más de esa médula exquisita.

 

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Alessandra Molina

Otras maneras de lo sin hueso

Internationalen Haus der Autorinnen und Autoren Graz / Leykam Verlag

Graz, Austria, 2008, 136 pp.

 

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Comentarios (2)add comment

jenaro dijo:

a pasarle la lengua al frozzen.
Lo siento mi amor, pero ya me cansé de fingir.
Ella marcó desde la cinco de la mañana, así que to el mundo pala cola. De ahí patrá.
A pasarle la lengua al frozzen, que no importa quien tiene la lengua mas larga, sino quien la pasa mas veces.
marzo 24, 2010

tagruva dijo:

Muy buen merecido elogio
Elogio merecido a una poeta de gran calidad. Felicidades Alessandra!!!! Enhorabuena!!!
marzo 19, 2010

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